CELSO GARZA GUAJARDO

CELSO GARZA GUAJARDO
Por Jesús Adrián Cruz Martínez





“El tiempo pasa, la palabra recuerda” es el título de uno de los libros que forman parte de la fructífera trayectoria del profesor Celso Garza Guajardo. Resume de alguna manera la esencia de su vida: la palabra como un refugio y la memoria como una forma de permanencia.

Quienes lo conocieron recuerdan al amigo generoso, al hermano cercano, al padre y esposo entregado, al hombre que solía decir que la “historia de la familia es lo mejor de la memoria y del cariño que entre todos debemos guardar”. Para él, su esposa y sus hijos fueron el sostén de su crónica diaria, el centro desde donde miraba la vida y sus recuerdos.

También permanece su palabra. Esa palabra que, en opinión de don José P. Saldaña, “suena a cátedra de manera de interesar lo que escribe, por su contenido y por su forma alegre que invita a la meditación y al estudio”.

Se recuerda al cronista, al promotor cultural, al hombre de vocación por difundir las costumbres y la historia de Nuevo León. Pero, sobre todo, se recuerda su entrega por su terruño: Sabinas Hidalgo, la tierra que lo vio nacer el 13 de mayo de 1943 y a la que dedicó buena parte de su obra.

Nos deja su guía plasmada en sus crónicas, cargadas de nostalgia por los pueblos, sus voces y sus memorias. En ellas habremos de evocar los recuerdos de los ecos perdidos, pero sobre todo lo que él mismo expresó: “el significado de los buenos recuerdos consiste en que nos hacen ser y ver la vida con humildad y […] nos permiten seguir aprendiendo de lo que ya no está presente”.

En "Retrato hablado de un cronista", Celso Garza Guajardo nos recuerda que “cuando el cronista desaparece queda solamente su testimonio. Quedan sólo sus escritos [...] En el conjunto se observará su saber y su objetividad engarzado a sus sentimientos y a sus anhelos; dándose así la medida de la persona de cuerpo entero. Es entonces cuando el retrato está dado para siempre. Habla por sí solo, aun cuando ya no esté más”.

“Leer sus crónicas, repasarlas, deleitarse con ellas, es el mejor homenaje que puede y debe rendirse”, es la sugerencia que nos daba el maestro Israel Cavazos Garza. Su presencia continuará, sin duda, entre quienes gustamos de la crónica; y solo nos resta, al menos, intentar seguir sus pasos.

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